Sobre la amistad.
A veces solo paso por allí porque él me escucha, y sin decirme nada, me dice todo. Él me espera sin presionarme, si un día no voy el otro día no me reclama ni me muestra celos.
Que bueno es tener un amigo que te escucha sereno, que ríe si tú ríes y si tú lloras él se sigue riendo para que tú te pongas de buen humor.
Y si le pones cuidado, sin muchas palabras te cuenta historias y te inspira a estar bien.
Yo pensaba mientras corría luego de pasar por el río; por mi amigo.
¿Porqué no, ser uno como él?
lunes, 27 de septiembre de 2010
sábado, 18 de septiembre de 2010
Lección del río # 12
Sobre calentamiento global,Estaba mirando la luna esta madrugada, y pasaron livianamente por mi memoria otras tantas veces que la he mirado preguntándole cosas. Y recuerdo que ayer, la miraba en los espejos del rio, y a través de mi amigo, me dio una lección muy importante.
Que está pasando con este clima, con este mundo, con estas cosas que veo en las noticias y escucho en las conversaciones de la calle.
El mundo se está calentando.
Claro, hay muchas razones científicamente lógicas que explican ciertamente lo que sucede. Las emisiones del CO y CO2 , el derretimiento de los glaciares, el hoyo en la capa de ozono, las tormentas solares, la emisión de los gases que producen las heces del ganado etc. Y eso se vuelve un ciclo que crece como una bola de nieve.
¿Has pensado que todo eso sucede en la atmósfera de nuestra madre? Parece que está irritada, parece que esta estresada, NO? Claro, suena raro pensar que la tierra esta estresada, de hecho para mí esa frase siempre me suena ridícula porque me parece que eso del estrés es como una razón ficticia para justificar la falta de control emocional.
Pero llamase como se llame, los pensamientos conflictivos, el temor, la ignorancia, la culpa, el sentimiento de amenaza o la sensación de amenaza produce una atmosfera alrededor de cada persona. Perdón, no solo de las personas; sino de todos los seres vivientes. Y cuando digo seres vivientes incluyo a la madre tierra como la suma de todos los seres vivos.
Suma entonces el “estrés” de cada individuo, suma las pequeñas atmósferas individuales. Imagina que puedes ver alrededor de las personas y otros seres vivos el tipo de sentimiento como un color. Imagina que puedes interpretar las emociones y pensamientos que salen de cada ser como una energía que sale de cada uno e influye en su mundo alrededor.
¿No crees que se caliente? Y no pensemos en calor. Pensemos en colores opacos o difusos, en caos. En desarmonía de la sustancia que rodea al individuo estresado. ¿Cómo no afectar ese medio ambiente inmediato? ¿Cómo no colaborar con el caos global con cada uno de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos pesados que cargamos? Ya sea directamente como un tipo de energía electromagnética, o como el resultado de las decisiones tomadas bajo ese efecto.
Yo propongo pues, me inspiró la luna a través de su reflejo en el río, que la solución inmediata es re direccionar el flujo de nuestros pensamientos, y cambiar el tono emocional. Orientar pues, a partir de una armonía en el ambiente inmediato espiritual de cada persona, todas las energías en la proyección del mundo que queremos tener. Bello, limpio, fresco, diverso, prospero. A partir de allí, los efectos secundarios, o sea las decisiones diarias nos llevarán en esa dirección.
Nunca habíamos tenido la oportunidad como hoy.
No nos toca crear el mundo, nos toca sanarlo.
Pensaba, ¿mis abuelos, los maestros de Grecia, los hijjos de mis hijos, que les inspira la luna?
viernes, 17 de septiembre de 2010
Lección del Río "11

Las personas no cambian súbitamente,
La evolución verdadera es gradual y no lleva prisa.
De eso me di cuenta observando la caída del río durante unos minutos.
Ese día caminé con un par de amigos por una montaña muy arriba de mi querido pueblo, “La Alegría” hasta ahora lo menciono. Y luego de subir y bajar unas hermosas montañas, encontramos tres cataratas consecutivas en un río precioso. La tercer caída de agua, parece que al pasar de miles de años había echo una especie de puente de piedra. El agua pasa violenta por debajo de una gran roca y en realidad es un puente de piedra hecho a la perfección por la insistencia del agua. La vista es increíble, lástima que pocas persona hayamos sido testigos de ese paraíso, realmente es difícil llegar a ese lugar. Pero vale la pena porque la vida allí explota, celebra y canta sin timidez su gloria.
Observando durante un rato, me di cuenta de la paciencia que tiene el río al darle carácter a su cauce. El tiempo para el no tiene prisa, pero tampoco tiene pausa. Lo que si tiene es la intención de no dejar de cambiar (evolucionar) ni un segundo. Las personas, no cambiamos tampoco súbitamente, cambiamos lentamente y en proporción a esa misma intención de evolucionar y lo hacemos, o debemos hacer concientemente.
Un defecto no se cura en un día. Una virtud no se cultiva en un día. Un hábito no se forja con una vez que se repita. Se requiere una visión, lo que yo repito en llamar “la intención de evolucionar concientemente”.
El río sigue corriendo montaña abajo sin aferrarse a hermosas posas y cataratas. Cambia constantemente y sabe que el mar le espera, que el cielo le espera, que de nuevo la madre tierra le espera, y la próxima vez que pase por allí, al igual que yo, si algún día vuelvo a ese lugar, seré una persona nueva, tendré nuevas historias y el puente de piedra me llevará a otro sitio de la montaña, como todos lo puentes que debo construir para ser, poco a poco, una mejor persona.
La evolución verdadera es gradual y no lleva prisa.
De eso me di cuenta observando la caída del río durante unos minutos.
Ese día caminé con un par de amigos por una montaña muy arriba de mi querido pueblo, “La Alegría” hasta ahora lo menciono. Y luego de subir y bajar unas hermosas montañas, encontramos tres cataratas consecutivas en un río precioso. La tercer caída de agua, parece que al pasar de miles de años había echo una especie de puente de piedra. El agua pasa violenta por debajo de una gran roca y en realidad es un puente de piedra hecho a la perfección por la insistencia del agua. La vista es increíble, lástima que pocas persona hayamos sido testigos de ese paraíso, realmente es difícil llegar a ese lugar. Pero vale la pena porque la vida allí explota, celebra y canta sin timidez su gloria.
Observando durante un rato, me di cuenta de la paciencia que tiene el río al darle carácter a su cauce. El tiempo para el no tiene prisa, pero tampoco tiene pausa. Lo que si tiene es la intención de no dejar de cambiar (evolucionar) ni un segundo. Las personas, no cambiamos tampoco súbitamente, cambiamos lentamente y en proporción a esa misma intención de evolucionar y lo hacemos, o debemos hacer concientemente.
Un defecto no se cura en un día. Una virtud no se cultiva en un día. Un hábito no se forja con una vez que se repita. Se requiere una visión, lo que yo repito en llamar “la intención de evolucionar concientemente”.
El río sigue corriendo montaña abajo sin aferrarse a hermosas posas y cataratas. Cambia constantemente y sabe que el mar le espera, que el cielo le espera, que de nuevo la madre tierra le espera, y la próxima vez que pase por allí, al igual que yo, si algún día vuelvo a ese lugar, seré una persona nueva, tendré nuevas historias y el puente de piedra me llevará a otro sitio de la montaña, como todos lo puentes que debo construir para ser, poco a poco, una mejor persona.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Lección del Río #10
Ahora estoy escuchando una canción que dice, “siete noches sin ti” mientras escribo esto de repente me recordé de ese miedo extraño y tenebroso de niño. Y recordé que ese miedo yo lo había vencido una tarde de sábado en mi río favorito no hace mucho tiempo.
Siempre le he tenido cierto miedo a las serpientes, a pesar que aprendí a matarlas cuando desyerbaba los cultivos de la finca en la juventud. Maté muchas. Pero mis sueños se convertían en pesadillas cuando ellas aparecían.
Luego de trotar por media hora, esa tarde pasé por el atajo del río y me senté con los ojos cerrados solo a escuchar. Y no se porque me apareció la imagen de serpientes que venían por el agua, o que estaban cerca de la piedra donde estaba sentado.
Me propuse no abrir los ojos aunque me urgía hacerlo para espantar mis miedos. Me desesperé unos instantes por mirar y verificar que no había nada allí. Pero me resistí a dejarme vencer, y continué dejando esas imágenes venir. Sin luchar contra ellas.
Y el sonido del río, tranquilo en mi mente poco a poco me enseñó a dejar pasar esas imágenes y que las serpientes de mi imaginación pasaran cerca de mí y se fueran sin hacerme daño.
Luego las vi pasar y alejarse, algunas muy grandes regresaban, mi mente se fue haciendo la idea que eran amigas mías, que no querían hacerme daño. La tranquilidad del sonido del agua, me dieron la tranquilidad de dejarlas pasar y alejarse como se debe dejar pasar los pensamientos negativos.
Así, muchos temores que a veces me invaden en la noche, en la soledad de 7 noches sin el amor de la vida, como esta diciendo esta canción que estoy escuchando, van pasando como las aguas del río. Y dando seguridad, paz, y un sentimiento de que “todo esta bien”.Esa tarde al salir del río, ya estaba oscureciendo, y bajo los frondosos árboles se ve mucho mas oscuro; seguí corriendo y me sentí mas libre que nunca antes. Porque había aprendido un poco, a vencer mis miedos.
Siempre le he tenido cierto miedo a las serpientes, a pesar que aprendí a matarlas cuando desyerbaba los cultivos de la finca en la juventud. Maté muchas. Pero mis sueños se convertían en pesadillas cuando ellas aparecían.
Luego de trotar por media hora, esa tarde pasé por el atajo del río y me senté con los ojos cerrados solo a escuchar. Y no se porque me apareció la imagen de serpientes que venían por el agua, o que estaban cerca de la piedra donde estaba sentado.
Me propuse no abrir los ojos aunque me urgía hacerlo para espantar mis miedos. Me desesperé unos instantes por mirar y verificar que no había nada allí. Pero me resistí a dejarme vencer, y continué dejando esas imágenes venir. Sin luchar contra ellas.
Y el sonido del río, tranquilo en mi mente poco a poco me enseñó a dejar pasar esas imágenes y que las serpientes de mi imaginación pasaran cerca de mí y se fueran sin hacerme daño.
Luego las vi pasar y alejarse, algunas muy grandes regresaban, mi mente se fue haciendo la idea que eran amigas mías, que no querían hacerme daño. La tranquilidad del sonido del agua, me dieron la tranquilidad de dejarlas pasar y alejarse como se debe dejar pasar los pensamientos negativos.
Así, muchos temores que a veces me invaden en la noche, en la soledad de 7 noches sin el amor de la vida, como esta diciendo esta canción que estoy escuchando, van pasando como las aguas del río. Y dando seguridad, paz, y un sentimiento de que “todo esta bien”.Esa tarde al salir del río, ya estaba oscureciendo, y bajo los frondosos árboles se ve mucho mas oscuro; seguí corriendo y me sentí mas libre que nunca antes. Porque había aprendido un poco, a vencer mis miedos.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Lección del río # 9
Las aguas son el símbolo de las emociones.
Tranquilas como una posa de aguas cristalinas
Aceleradas como las cascadas, o el río en la vertiente.
Miles de formas toma le agua conforme va pasando por las irregularidades del cauce entre las rocas y peñascos. La fluidez del líquido le permite tomar la forma de la situación.
Pero ante todo, cambiar y seguir. No quedarse allí, no se devuelve, y cada ves conforme el río va madurando le da estabilidad y tranquilad en sus emociones. Si te fijas como va creciendo el arrollo desde un pequeño chorrito hasta ser una desembocadura, así van serenándose sus aguas y aumentando su poder aunque parezca mas lento.
Cómo nos damos cuenta que témenos alma si no a través de las emociones. Cómo saber si hay mar, si no a través del río que fluye en un ciclo infinito, mar, aire, suelo y río. Así el alma, el cuerpo la mente. Estas se conectan solo de una forma y son las emociones.
Mira mis aguas, me dijo esa tarde el río, disfruta tus emociones siempre al máximo, Llora cuando debes llorar, ríe a carcajadas cuando corresponde, húndete en la melancolía y vuela luego con el éxtasis, la euforia y maneja tus pensamientos para darles una fluidez líquida y no dañes a nadie. Si tienes miedo, déjalo también pasar, luego te darás cuenta que tu flexibilidad y persistencia, que tu conexión con el mar, conciente del flujo de tu alma incesante tendrás un sentimiento de fondo que te hará sentir invencible.
Tranquilas como una posa de aguas cristalinas
Aceleradas como las cascadas, o el río en la vertiente.
Miles de formas toma le agua conforme va pasando por las irregularidades del cauce entre las rocas y peñascos. La fluidez del líquido le permite tomar la forma de la situación.
Pero ante todo, cambiar y seguir. No quedarse allí, no se devuelve, y cada ves conforme el río va madurando le da estabilidad y tranquilad en sus emociones. Si te fijas como va creciendo el arrollo desde un pequeño chorrito hasta ser una desembocadura, así van serenándose sus aguas y aumentando su poder aunque parezca mas lento.
Cómo nos damos cuenta que témenos alma si no a través de las emociones. Cómo saber si hay mar, si no a través del río que fluye en un ciclo infinito, mar, aire, suelo y río. Así el alma, el cuerpo la mente. Estas se conectan solo de una forma y son las emociones.
Mira mis aguas, me dijo esa tarde el río, disfruta tus emociones siempre al máximo, Llora cuando debes llorar, ríe a carcajadas cuando corresponde, húndete en la melancolía y vuela luego con el éxtasis, la euforia y maneja tus pensamientos para darles una fluidez líquida y no dañes a nadie. Si tienes miedo, déjalo también pasar, luego te darás cuenta que tu flexibilidad y persistencia, que tu conexión con el mar, conciente del flujo de tu alma incesante tendrás un sentimiento de fondo que te hará sentir invencible.
Leccion del Río # 8

Estaba trasnochado ese domingo porque trabajé de noche hasta la madrugada.
Cuando llegue al río, nadé un poco en una posa muy rica, una tan clara que se le ven las piedras a más de dos metros de profundidad sin problema. Y el agua es muy fresca, cuando uno entra, siente una ola helada que masajea hasta los huesos; y siente muy bien.
Me recosté en una piedrota grande y plana, mirando hacia el cielo; a través de las ramas de los enormes árboles que se abrazan por encima del cauce. No se cuanto tiempo estuve así pensando y gozando el placer de sentir el cuerpo completo y sereno, sano y dichoso. El calor de algunos rayos solares apenas amortiguaba la frescura del ambiente.
Dormí, eso creo y escuche:
….0………………..0……………..
¡Vamos a jugar! Escuché
No había nada de aburrimiento en ese lugar, observé un poco de pequeños seres ¿Ángeles? que hacían una competencia para volar sin utilizar las alas.
La competencia empezó y fue muy increíble ver las ocurrencias de estos traviesos seres iluminados. Todos los demás seres estaban a la expectativa. Los duendes, las ondinas, hadas, serafines y los elegantes arcángeles que siempre estaba n muy ocupados en negocios de otros planetas.
Miren que grandioso, aquel ángel celeste va a competir tratando de volar en una gota de agua que quiere que se la lleve el calor del sol. Eso si esta genial. Otro esta tratando de volar montando una mariposa, pero esta se mueve muy agitadamente y cada ocasión lo tira al suelo. Mire aquel que esta montado en un pétalo de rosa y parece surfear en el aire. Pora allá viene un pequeño angelito muy tímido agarrado en un sombrillita de semilla de diente de león. Y un grupo de ángeles juguetones envueltos en motitas de algodón planeando en un remolino. Reían como nunca.
Seguí con la mirada como se elevaba aferrado a una motita de semilla de diente de león un angelito, y lo perdí de vista al desvanecerse entre los rayos del sol.
Así de repente, encandilado me sobresalté y desperté porque la sombra se había corrido de lugar y el sol me pegaba en los ojos.
Me levante muy liviano y sin sueño de la gran piedra plana y muy feliz corrí hasta la finca de papá para ir a casa. Mientras trotaba bajo un naranjal, sentí un escalofrío de placer al ver como la brisa levantaba cerca de la milpa, blancas flores de diente de león hacia el cielo.
Cuando llegue al río, nadé un poco en una posa muy rica, una tan clara que se le ven las piedras a más de dos metros de profundidad sin problema. Y el agua es muy fresca, cuando uno entra, siente una ola helada que masajea hasta los huesos; y siente muy bien.
Me recosté en una piedrota grande y plana, mirando hacia el cielo; a través de las ramas de los enormes árboles que se abrazan por encima del cauce. No se cuanto tiempo estuve así pensando y gozando el placer de sentir el cuerpo completo y sereno, sano y dichoso. El calor de algunos rayos solares apenas amortiguaba la frescura del ambiente.
Dormí, eso creo y escuche:
….0………………..0……………..
¡Vamos a jugar! Escuché
No había nada de aburrimiento en ese lugar, observé un poco de pequeños seres ¿Ángeles? que hacían una competencia para volar sin utilizar las alas.
La competencia empezó y fue muy increíble ver las ocurrencias de estos traviesos seres iluminados. Todos los demás seres estaban a la expectativa. Los duendes, las ondinas, hadas, serafines y los elegantes arcángeles que siempre estaba n muy ocupados en negocios de otros planetas.
Miren que grandioso, aquel ángel celeste va a competir tratando de volar en una gota de agua que quiere que se la lleve el calor del sol. Eso si esta genial. Otro esta tratando de volar montando una mariposa, pero esta se mueve muy agitadamente y cada ocasión lo tira al suelo. Mire aquel que esta montado en un pétalo de rosa y parece surfear en el aire. Pora allá viene un pequeño angelito muy tímido agarrado en un sombrillita de semilla de diente de león. Y un grupo de ángeles juguetones envueltos en motitas de algodón planeando en un remolino. Reían como nunca.
Seguí con la mirada como se elevaba aferrado a una motita de semilla de diente de león un angelito, y lo perdí de vista al desvanecerse entre los rayos del sol.
Así de repente, encandilado me sobresalté y desperté porque la sombra se había corrido de lugar y el sol me pegaba en los ojos.
Me levante muy liviano y sin sueño de la gran piedra plana y muy feliz corrí hasta la finca de papá para ir a casa. Mientras trotaba bajo un naranjal, sentí un escalofrío de placer al ver como la brisa levantaba cerca de la milpa, blancas flores de diente de león hacia el cielo.
lunes, 30 de agosto de 2010
Lección del Río # 6
Ese día llegué cansado, y fue uno de esos, que uno pasa distraído, sin poner los pies en el suelo, y preguntándose a gritos sordos, ¿quien soooooOy? Porque hay ocasiones que uno transita como zombi y no es testigo de su propia conciencia.
Estuve de pie unos minutos sobre una roca plana, mirando las aguas hacia arriba del río. Seguí con la mirada una hoja seca, que venía de cascada en cascada, esquivando las rocas salientes y apresurándose en las partes mas angostas. Ella no luchaba contra la corriente. Observé sin pensar, las rocas, quietas, serenas y muy seguras de sí mismas. Escuché un rato, no se cuanto. Y de repente casi pude escuchar esta lección del río, como contestándome mi pregunta muda. ¿Quién eres?
Soy esta cascada, que se apresura a caer por la pendiente entre las rocas, furiosa y alegre, pronta y desprendida.
Soy estas rocas, por donde pasa el agua, a veces serena, a veces rápida y escandalosa y con paciencia voy tomando forma, sin prisa, moldeada por el paso de la corriente.
Soy la naciente que estiró su vida por la ladera. La que brotó tierras arriba desde el corazón del suelo, y acaricia frescamente la piel de la madre tierra por entre sus rendijas.
Soy la poza, calma y mansa, que muestra sus secretos de colores en el fondo. Dejando juguetones peces nadar en su seno, y a los árboles coquetear entre sus espejos, cuando el sol entra por sus ramas y refleja sus verdes y sus flores.
Soy la unión de mis ramales, que van bajando la vertiente, como las venas que se unen en conductos más grandes hasta llegar al corazón. El pequeño arrollo de la pendiente, el río turbulento de la creciente y el gran río calmo de la llanura que recoge muchas aguas sin esfuerzo.
Soy el agua, la que un día llovió ligera, la que regó los potreros haciendo crecer la hierba, la que dio de beber al ganado y mojó tus pies la otra tarde sentado una de mis rocas mientras escuchaba mis secretos.
Soy el arrollo, el río pequeño, el grande, y soy el que llega entregado a su sueño. El mar.
Soy el mar, que respira las aguas del río. Soy el cielo, que respira las aguas del mar cuando el astro sol las evapora felices. Soy las nubes viejeras que regresan flotando las aguas a la montaña y sin pena ni atraso las entrega a la madre tierra en miles de gotitas como pensamientos que vuelven a alimentar las nacientes.
Tomé un poco de su agua, directamente en la boca. Miré mi rostro y pensé, ese soy yo.
Estuve de pie unos minutos sobre una roca plana, mirando las aguas hacia arriba del río. Seguí con la mirada una hoja seca, que venía de cascada en cascada, esquivando las rocas salientes y apresurándose en las partes mas angostas. Ella no luchaba contra la corriente. Observé sin pensar, las rocas, quietas, serenas y muy seguras de sí mismas. Escuché un rato, no se cuanto. Y de repente casi pude escuchar esta lección del río, como contestándome mi pregunta muda. ¿Quién eres?
Soy esta cascada, que se apresura a caer por la pendiente entre las rocas, furiosa y alegre, pronta y desprendida.
Soy estas rocas, por donde pasa el agua, a veces serena, a veces rápida y escandalosa y con paciencia voy tomando forma, sin prisa, moldeada por el paso de la corriente.
Soy la naciente que estiró su vida por la ladera. La que brotó tierras arriba desde el corazón del suelo, y acaricia frescamente la piel de la madre tierra por entre sus rendijas.
Soy la poza, calma y mansa, que muestra sus secretos de colores en el fondo. Dejando juguetones peces nadar en su seno, y a los árboles coquetear entre sus espejos, cuando el sol entra por sus ramas y refleja sus verdes y sus flores.
Soy la unión de mis ramales, que van bajando la vertiente, como las venas que se unen en conductos más grandes hasta llegar al corazón. El pequeño arrollo de la pendiente, el río turbulento de la creciente y el gran río calmo de la llanura que recoge muchas aguas sin esfuerzo.
Soy el agua, la que un día llovió ligera, la que regó los potreros haciendo crecer la hierba, la que dio de beber al ganado y mojó tus pies la otra tarde sentado una de mis rocas mientras escuchaba mis secretos.
Soy el arrollo, el río pequeño, el grande, y soy el que llega entregado a su sueño. El mar.
Soy el mar, que respira las aguas del río. Soy el cielo, que respira las aguas del mar cuando el astro sol las evapora felices. Soy las nubes viejeras que regresan flotando las aguas a la montaña y sin pena ni atraso las entrega a la madre tierra en miles de gotitas como pensamientos que vuelven a alimentar las nacientes.
Tomé un poco de su agua, directamente en la boca. Miré mi rostro y pensé, ese soy yo.
Enrique 30 de agosto 2010.
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