viernes, 3 de septiembre de 2010

Leccion del Río # 8




Estaba trasnochado ese domingo porque trabajé de noche hasta la madrugada.
Cuando llegue al río, nadé un poco en una posa muy rica, una tan clara que se le ven las piedras a más de dos metros de profundidad sin problema. Y el agua es muy fresca, cuando uno entra, siente una ola helada que masajea hasta los huesos; y siente muy bien.
Me recosté en una piedrota grande y plana, mirando hacia el cielo; a través de las ramas de los enormes árboles que se abrazan por encima del cauce. No se cuanto tiempo estuve así pensando y gozando el placer de sentir el cuerpo completo y sereno, sano y dichoso. El calor de algunos rayos solares apenas amortiguaba la frescura del ambiente.
Dormí, eso creo y escuche:
….0………………..0……………..
¡Vamos a jugar! Escuché
No había nada de aburrimiento en ese lugar, observé un poco de pequeños seres ¿Ángeles? que hacían una competencia para volar sin utilizar las alas.

La competencia empezó y fue muy increíble ver las ocurrencias de estos traviesos seres iluminados. Todos los demás seres estaban a la expectativa. Los duendes, las ondinas, hadas, serafines y los elegantes arcángeles que siempre estaba n muy ocupados en negocios de otros planetas.

Miren que grandioso, aquel ángel celeste va a competir tratando de volar en una gota de agua que quiere que se la lleve el calor del sol. Eso si esta genial. Otro esta tratando de volar montando una mariposa, pero esta se mueve muy agitadamente y cada ocasión lo tira al suelo. Mire aquel que esta montado en un pétalo de rosa y parece surfear en el aire. Pora allá viene un pequeño angelito muy tímido agarrado en un sombrillita de semilla de diente de león. Y un grupo de ángeles juguetones envueltos en motitas de algodón planeando en un remolino. Reían como nunca.

Seguí con la mirada como se elevaba aferrado a una motita de semilla de diente de león un angelito, y lo perdí de vista al desvanecerse entre los rayos del sol.
Así de repente, encandilado me sobresalté y desperté porque la sombra se había corrido de lugar y el sol me pegaba en los ojos.
Me levante muy liviano y sin sueño de la gran piedra plana y muy feliz corrí hasta la finca de papá para ir a casa. Mientras trotaba bajo un naranjal, sentí un escalofrío de placer al ver como la brisa levantaba cerca de la milpa, blancas flores de diente de león hacia el cielo.

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