jueves, 26 de agosto de 2010

Leccion del Río #´3

Un domingo, luego de salir de misa, una novia me dijo “Hasta aquí, ya no somos mas… ya terminó”
Mas tarde fui al río y escuchándole como siempre, me dijo lo siguiente.
¿Que se siente amar? Lindo, ¿no? Entonces agradece por ser capaz de sentirlo, y deja sentir todo ese duelo, esa melancolía y esa “tristeza” que rasguña, que toca fibras nuevas en tu interior. Siéntela, súfrela unos instantes, llora, sé conciente de lo que sientes, gózala y libérala.

El alma solo despierta cuando sientes emociones nuevas o más grandes; entonces deja que se despierta el alma cada vez que una emoción aflora en ti. NO trates de dejar de lado las emociones que temes te hagan sufrir, no las ahogues porque si se estancan tardará mucho el sufrimiento.

Mira mis aguas, como fluyen por la pendiente dándole forma a las rocas y al cauce. Déjalas pasar al 100 %. Disfruta el flujo de las emociones como se disfruta comer un helado por la tarde de un sábado sentado en el parque.

Y Ahora, lo principal, -me dijo el río- todo esta emoción que lograste tener hacia una persona, no le ahogues, transfórmalo en amor a todas las cosas. Mira esta agua, ámalas. Siente la frescura y escucha estos sonidos y mira que colores tan vivos los de este día. Todo sigue estando perfecto para ti.
Ama sin límites y que el amor por todas las cosas sea tan grande que nunca, el rompimiento con una relación amorosa con alguien sea más grande que esta emoción viva por la apreciación completa por la vida.

Vive enamorado, y como el río, deja que el agua corra, piensa como el río, el amor es el mar, yo soy el mar.

martes, 24 de agosto de 2010

Leccion del Río #2

Luego de haber escuchado mi silencio. La primera vez cerca de sus aguas. Me dio un poco de miedo.
Porque a veces da miedo lo que puedo encontrar en esa película interna que no cesa. Esa película que te acosa, que te recuerda las cosas que no hiciste, las que hiciste mal y todos esos juicios que has escuchado y los que me he sentenciado yo mismo. Serpientes, monstruos, ofensas, perezas, fracasos y éxitos a medias, como suelen ser los éxitos del ser humano.

Y escuchando las cascadas como si fueran un eco de tiempos lejanos, como un masaje en mis hombros y a la ves un abraso de madre, el agua del río me dijo muy calladamente.

“no hay nada mas tonto que la auto culpabilidad, nada mas inútil que el juicio, y nada mas improductivo que perder el tiempo mirando atrás. Mira mis aguas, cómo renuncian a su posición en el instante de pasar por allí, mira mis aguas, como se entregan sin miedo a la gravedad y sin esfuerzo se dirigen al mar que les espera a sus anchas. Sin miedo. Nada puede impedir que lleguen tarde o temprano al mar. Nada. Es cuestión de entrega y tiempo."

El silencio es como una intención de entrega, un impulso hacia la corriente de la vida, el encuentro con uno mismo en el silencio, es un paso hacia el autodescubrimeinto y el reencuentro con el camino al mar. Es saber de la inmensa generosidad del creador que nos conecta cada instante con el objetivo de la vida; la eternidad.

Hojas secas, y gotas de agua caían en mi espalda serena. Caricias de una tarde que terminaba; y secretos, y la invitación a regresar al río a escuchar otro día sus lecciones.

domingo, 22 de agosto de 2010

Las lecciones del rio # 1

La primera lección de todas; 👂escuchar. 👂
Salí por los potreros de la finca de mi papa una tarde de sábado, “mis tardes favoritas” Y como siempre, llevaba un libro en mi mano. 
Atravesé la finca de un vecino hasta entrar al sendero de hojas que te lleva hasta el lugar mas bello del río.  Es un rio de aguas tan prístinas que se pueden ver nítidamente las piedras  a mas de dos metros en lo profundo. La gente dice que es el agua más helada de la región.
Sobre una piedra muy grande, me dispuse a leer despacio algo de Cohello y luego me di cuenta, según leía, que el río quería decirme algo. Cerré las páginas suavemente. 
Las pequeñas caídas de agua en la corriente de roca en roca y de posa en posa parecía un susurro directo a mis oídos. 
Luego escuche las chicharras por al menos dos minutos, luego se adueñó de mi atención el cortejo de  unas aves que pasaban de largo entre las ramas. Algunos minutos después me invadió un sonido relajante, era el deslizar del entre las piedras del rio arriba y luego las pequeñas cascadas río arriba. 
El viento chocar con las hojas de los árboles y las pequeñas ramitas al caer. El zumbido suave que hace el aire rodeando las hojas al pasar y de otras hojas al caer girando de mil maneras.  Grillos lejanos y cascadas lejanas y hojas de árboles lejanos.
Luego mi propia respiración interrumpiendo las demás cosas y luego mi alma tratando de callarse.
Luego mi propio silencio.



sábado, 21 de agosto de 2010

Un cuentito de colores, para la chica del arcoiris.


Amor de colores.

Esa mañana había un arcoiris, uno tan claro que parecía colocado allí como una fila de guirnaldas de colores. Cada flor y mariposas del jardín, quedaron suspendidos en un asombro por el derroche de belleza en el cielo. Solo una mariposa azul, la mas atrevida y de corazón libre, también encantada pero conciente, salió a buscar de donde venía, para encontrar el origen de tanta hermosura.

Esa mañana, un valiente y de alas azules había amanecido muy inquieto porque había soñado con una señal el cielo y con el amor. Este es el héroe del jardín. Vive en un rosal rojo, dice ser el guardián de las rosas mas lindas que allí brotan sin cesar cada mañana. Y al ver esa líneas de colores en el aire, apenas terminaba la lluvia quedó intrigado. ¿Será un gran ejército de mariposas que vuelan desde el cielo hasta la tierra para pintar las flores? Que será. Debo conocer a donde va ir a parar esas líneas de colores. Seguro es el camino por donde sube el agua al cielo. O quizá es el puente por donde vienen y van las flores que nacen u mueren dejando su alma en el cielo y trayendo otras nuevas. Son pétalos y alas de mariposas que ya conocieron el amor y entregaron alma al cielo.

No aguantó su curiosidad. Salió volando con sus alitas azules con bordecitos negros que engalanaban el lugar donde pasaba. Los gorriones, y otras manadas de aves y abejas de jardín se ponían algo celosas por su galanteo.

Luego de cruzar por algunos otros jardines, un poco distraído por mirar el arco cromático en el aire llegó a un lugar donde debía cruzar un pequeño arrollo. Ya casi lo encuentro, pensaba, porque veía que por allí se veía bajar el río de violeta, azul, verde, amarillo, naranja, rosa y rojizo del aire. Al pasar la fuente de agua, llegó a un jardín muy hermoso, allí habían rosales de todos los colores. ¡seguro de aquí es que nace esa cosa linda que venia del cielo hace un rato! Pensó la valiente mariposa azul, convencido que ese es, con un poco de celos por su rosal, el jardín más bello que había visto. Y los aromas que allí sentía casi embriagaban su mente y su agitado corazón de volador.

Él conocía rosales de todos los colores, pero nunca había visto algo igual; no puede ser, un rosal blanco en medio jardín. Eso es casi mágico. Seguro allí calló esa línea de colores que ya se disolvió en el aire y lo perdí de vista pensó la mariposa azul que venia cansado de volar. Estuvo dando algunas vueltas explorando el lugar, y justo en la flor más alta del rosal de rosas blancas se posó a descansar su largo viaje.

¡¡Hey, que haces!! no ves que este es mi rosal y nadie puede poner sus pies en él porque puede contaminar su espíritu! Al voltear a veer de donde procedía esa voz suave y mágica, casi se cae de la flor. No pudo decir nada, se aferró a un pétalo, y su corazoncito aventurero hizo mover las alas a mil por hora pero sin poder volar. Ella es una mariposa con alitas celestes y bordecitos azules que reina en este rosal blanco. Es la más hermosa de todas las mariposas y de todas las flores. Sus alas son la síntesis de los pétalos de las flores, y sus ojos son la proyección del cielo que había visto cuando seguía el arcoiris. Las hojas y los pétalos del rosal blanco y la hierba de todo ese lugar parecen dar reflejos de colores cuando ella mueve sus alas. Todos los colores se vuelven más brillantes y parecen vibrar con el reflejo de sus alas cuando pasan cerca.

Le contó su historia sobre el jardín al otro lado del río y ella le ofreció un poco de polen de su rosal. No importa lo demás, si debo entregar mi espíritu al viento como mis ancestros lo haría en este instante pensaba él con sus alas azules mas azules que el cielo los domingos de verano en el jardín del rosal rojo. Juntos se posaron por varias horas hasta llegar la tarde en una flor que apenas abría sus pétalos ese día. Y chocaban sus alitas y jugaban entre las ramitas. Se dieron cuenta por un instante, que si les quedara poco tiempo, sería suficiente esa vida vivirla entre los dos, así cerquita. Tocando sus alitas. Olvidándose del jardín por un rato.

Pero debía regresar, debía estar en su jardín, ya conoció el origen del arcoiris, ya sabia que éste nacía donde nacía el amor y los colores que bajaban del cielo a embellecer este mundo. Si había un momento y un beso sagrado, era ese día y bajó a la tierra por los siete colores.
Ella le dijo que debía dejarla en su rosal blanco porque esa era su misión, y debía permanecer allí sola y esperar una mariposa de su mismo jardín.

Él regreso saboreando la miel más dulce y no quería borrar de su memoria los colores ni el aroma hipnotizante de las rosas blancas.

Esa noche no durmió. Salió la luna y paso mirándola hora tras hora pensando en la mariposa celeste y el rosal blanco. Quería pedirle al cielo una señal para regresar a buscarla algún día o para renunciar a algo ajeno a su jardín, al fin y al cabo, el debía cuidar de su rosal rojo de este lado del arrollo.

Así pasó los 7 días y noches de luna creciente mirando de día como el sol daba colores nuevos a todas las flores que en adelante brillaban de una manera más radiante y casi liquido. Testigo de la frugalidad de la vida, de que hay flores de un día que hacen que la eternidad tenga sentido.
La sétima tarde pudo ver de nuevo un el arcoiris casi salía desde su jardín y pasaba hasta el otro lado del arrollo pero no lo siguió porque sabia que si viajaba de nuevo al oro lado, seguro ya no tendrías el valor de regresar.

Del otro lado del arrollo, sobre una rosal blanco estaba la mariposa celeste brillando como siempre y embelleciendo su hermoso jardín. Ella también recordaba ese momento infinito de amor. ¡Ahh! si algún día volvería a ver su amor de alas azules! Pedía al cielo también una señal al cielo y a la luna creciente de las ultimas 7 noches, una pista de la verdad de sus sentimientos.
Esta noche ya es luna llena y ambas sin saber lo que hacia la otra, estuvieron mirando la luna desde que salio por el oriente y movían sus alitas como haciendo una plegaria pidiéndole una señal. Miraban la misma luna y las mismas estrellas, y la misma noche negra que les arrancaba la frágil vida en su larga melancolía.

Llegó la media noche; y sin dormir ni estar del todo despiertos. Como si se conectaran sus espíritus con los rayos de la luna, hubo un sentimiento intenso y un coro de grillos que les susurraban la misma historia de la última ves que estuvieron juntos. Él sintió a la distancia el abrazo de la mariposa del arcoiris y ella sintió en su silencio el abraso de un corazón de poeta de alas azules.

Llevaré una muestra de mi rosal por la mañana, un pétalo de esta flor donde estoy posado para mostrarle cuanto he pensado en ella todas estas noches. Ella pensó lo mismo y de esa manera, aún a oscuras, tomaron cada uno por su cuenta a la distancia el pétalo donde estaban posados y volaron antes de que amaneciera en la dirección del otro.

Como el arrollo estaba en medio de ambos jardines, él decidió tomar un pequeño descanso mientras amanecía posándose en una piedra cubierta por algas verdes. Y cuando lo iba a hacer, miró sobre la roca que había elegido a una hermosa mariposa de alitas celestes que estaba también tomando un descanso en el arrollo. El agua mansa reflejaba sus colores y las gotas de agua que salpicaban hacían copia de la imagen mas hermosa de este bello paraíso. Había salido también antes del amanecer cuando los colores aún no se veían.

El asombro de ambos fue enorme, ella llevaba un pétalo de color rojo en sus patitas. Rojo como el amor que sentía por él. Y él entre las suyas sin saberlo tampoco un pétalo de color blanco. Blanco como el alma de ambos cuando voleteaban cada tarde en adelante, en sus jardines por las tardes, sobre un par de rosales, con flores rojas y blancas entre las mismas ramas.
Enrique Agosto 2010.

viernes, 23 de julio de 2010

Porque eres la chica del arcoirirs

Porque eres la chica del arcoirirs

Rojo encendido miraban las aves,
las flores del campo de un lindo verano
así son tus labios tan rojos
y los míos como aves que vuelan tras ellos.
Se escapan, me besan, florecen, se fugan
Quedando en rojo solo mi pecho sangrado.

Azul es el cielo, las tardes del viernes
Azul es tu alma volando en las nubes
Que rompe su marcha buscando mi sueño
Me alcanza, me abraza, se aleja de mi
Dejándome solo mirando este cielo
Azul infinito cual tardes sin ti.

Verde es el campo
y las hojas tiernas
verde es la vida
que con tus besos
crecian muy feurtes
como los verdes
bosques eternos
que en tu camino
yo quize andar.


Una flor amarilla en tu pelo
recuerdo un domingo llegando de lejos
un color que se mete en mi mente
cual tu cabello entre los besos de aquella mañana
cual tu costado entre mis brazos de madrugada
cuando amarilla la luna testiga
guardaba el secreto de nuestra velada.

Violeta el perdón
que aun no merezco
morado encendido
tu alma que cura.
Púrpura el dolor
del fuego que quema
mi alma encendida
penando un pecado
llorando aturdida.

Blanca paloma, de lindo volar
No olvides que un día
tus alas livianas
hacia mis brazos volaban
en un blanco sueño
de besos de abrazos
blancos como las flores
del diente de león
y como esas flores
el viento las rompe
y aleja de mi alma
blanca como las hojas
donde hacia dibujitos
para tu alma blanca.

Negros cabellos
que se enredaban
entre mis besos
y mis caricias.
Negra la noche en que te abrazaba
tentando el tiempo
por no perderte.
Negra es mi noche
como el olvido
camino a oscuras
a tientas de tu perdón
tropiezo torpe
entre las sombras
de un miedo negro
y las tinieblas
de un triste adiós.

Renunciando,

Renunciando a todo


Por la mañana cansado
de soñar con tu piel blanca
lavé mi cuerpo despacio
borrando tu aroma sutil
me desprendí de la piel,
para borrar tus caricias.

Una ráfaga de viento cruel
deje llevarse los besos
que sembrastes con tu boca
y el recuerdo de tu piel
que calentaba la mía.

El perfume de las flores
que cortaba para ti
se lo llevó el agua del río
desde mi cuerpo desnudo
de ropas, caricias y piel.

A medio día muy cansado
por el peso del deseo
y el afán por abrazarte,
renuncié a este cuerpo denso.
me lancé por la ladera
de la montaña empinada
que recién había recién subido
para alcanzar tu regalo.
Donde había entrenado mi cuerpo
para lograr lo imposible.
donde había entrenado mi mente
espirito , sudor y piel
para lograr lo impensable.
Y deje todos los huesos,
músculos y órganos blandos
entre las ramas del bosque
y rocas del precipicio.

En ese abismo profundo
entregué mi cuerpo profano
para liberar mi alma atrapada
que quería ser libre de ti,
porque esta carne mundana
no hacia mas que desearte,
y pesaba mucho al volar.



Por la tarde fui un alma triste,
que flotaba por el aire,
como un enjambre de penas
recuerdos, sentimientos
como un remolino de viento.

Porque eso es el alma,
un tornado de emociones,
fluyendo como hojarasca
Flores secas olorosas
polvo de estrellas fugaces
y olor a hierba mojada.

Pensamientos que susurraban
tu nombre una y otra ves
hacían esclava mi alma
que trataba de escapar
y tu aliento le arrastraba.

Esa alma de poeta
que no pudo liberar
entre sus versos al aire
toda la pasión inmensa
que habia nacido por ti;
no fueron suficientes
la fuerza de los cuatro vientos
y las mil y una poesías
para extinguir el fuego sagrado
de este amor inmortal.

Sacrifiqué entonces mi alma
en el seno de de un volcán,
y vi quemarse en la lava
todas las emociones,
sentimientos y deseos
que no me dejaban ser libre.
Al fin ya no era nadie,
sin piel, ni cuerpo ni alma
que me amarrase a este mundo
donde solo aprendí a amar,
y este amor se acabó.

El espirito al fin libre,
para ver el mundo,
para ver los sueños
el universo desde su vientre.

Por la noche en la calma de las estrellas,
en la calma absoluta de la paz,
esa que lo abarca todo
en una luz infinita
mi espirito viajaba ligero,
conociendo mundos nuevos
y dimensiones inmensas
Era atraído irresistible
por la conciencia universal
de donde surgen todas las cosas.
Ese espíritu libre
al fin de vidas y almas
y existencias separadas
se acercaba al lugar santo
donde surgieron las cosas.

No recordaba nada,
no era nadie al fin ,
sin conciencia individual
En esa paz abrasiva
y libertad infinita
que no era sueño, ni vela,
ese espíritu sin dueño
encontró que no era yo.
Que era solo tú.

Enrique
Julio de 2010

Vivir un día completo.

Vivir un día completo.

Desperté y el viento me trajo un día fresco, aires de muchas partes con buenas noticias.
Desperté y había un sol para todos, iluminando la tierra y las mentes que abrían las ventanas.
Desperté y escuche cantos de aves, de mujeres, niños y hombres elogiando la belleza.
Desperté y detrás de la montaña, venia una lluvia, de abundancia y esperanza renovada.
Desperté y saludé un jardín lleno de flores de todos colores, como los sueños juveniles.

Trabajé durante el día, cultivando buenas noticias para mi familia, amigos y vecinos.
Trabajé en mi jornada abriendo surcos, abriendo puertas, mentes y oportunidades.
Trabajé creando belleza para los niños, mujeres y hombres que elogian la belleza.
Trabaje en la montaña escalando y rompiendo trochas para que pasara la abundancia.
Trabajé sembrando y desmalezando m jardín de colores, y soñé con sus flores.

Dormí y en mi sueño, había un cafetal repleto de granos maduros. ¡Que buena nueva!
Dormí y mi habitación se convirtió en un templo donde los sueños de todos soñaban.
Dormí tranquilo, y había una serenata de cánticos celestiales que cuidaban de todos.
Dormí y viaje con mi alma sobre la montaña y una nube blanca me cobijó del frío.
Dormí y tuve un sueño de colores, de perfumes y sonidos alegres como los niños jugando.

Desperté de un sueño, trabajé para conquistarlo y dormí de nuevo para dar gracias en ese templo por haberlo alcanzado.
Desperté muy fresco y trabaje con tesón por las esperanzas de mi gente, por la lluvia limpia, para crear belleza, y en la tarde antes de dormir, sentarme en las faldas de la montaña a deleitarla.




Enrique Segura