viernes, 23 de julio de 2010

Renunciando,

Renunciando a todo


Por la mañana cansado
de soñar con tu piel blanca
lavé mi cuerpo despacio
borrando tu aroma sutil
me desprendí de la piel,
para borrar tus caricias.

Una ráfaga de viento cruel
deje llevarse los besos
que sembrastes con tu boca
y el recuerdo de tu piel
que calentaba la mía.

El perfume de las flores
que cortaba para ti
se lo llevó el agua del río
desde mi cuerpo desnudo
de ropas, caricias y piel.

A medio día muy cansado
por el peso del deseo
y el afán por abrazarte,
renuncié a este cuerpo denso.
me lancé por la ladera
de la montaña empinada
que recién había recién subido
para alcanzar tu regalo.
Donde había entrenado mi cuerpo
para lograr lo imposible.
donde había entrenado mi mente
espirito , sudor y piel
para lograr lo impensable.
Y deje todos los huesos,
músculos y órganos blandos
entre las ramas del bosque
y rocas del precipicio.

En ese abismo profundo
entregué mi cuerpo profano
para liberar mi alma atrapada
que quería ser libre de ti,
porque esta carne mundana
no hacia mas que desearte,
y pesaba mucho al volar.



Por la tarde fui un alma triste,
que flotaba por el aire,
como un enjambre de penas
recuerdos, sentimientos
como un remolino de viento.

Porque eso es el alma,
un tornado de emociones,
fluyendo como hojarasca
Flores secas olorosas
polvo de estrellas fugaces
y olor a hierba mojada.

Pensamientos que susurraban
tu nombre una y otra ves
hacían esclava mi alma
que trataba de escapar
y tu aliento le arrastraba.

Esa alma de poeta
que no pudo liberar
entre sus versos al aire
toda la pasión inmensa
que habia nacido por ti;
no fueron suficientes
la fuerza de los cuatro vientos
y las mil y una poesías
para extinguir el fuego sagrado
de este amor inmortal.

Sacrifiqué entonces mi alma
en el seno de de un volcán,
y vi quemarse en la lava
todas las emociones,
sentimientos y deseos
que no me dejaban ser libre.
Al fin ya no era nadie,
sin piel, ni cuerpo ni alma
que me amarrase a este mundo
donde solo aprendí a amar,
y este amor se acabó.

El espirito al fin libre,
para ver el mundo,
para ver los sueños
el universo desde su vientre.

Por la noche en la calma de las estrellas,
en la calma absoluta de la paz,
esa que lo abarca todo
en una luz infinita
mi espirito viajaba ligero,
conociendo mundos nuevos
y dimensiones inmensas
Era atraído irresistible
por la conciencia universal
de donde surgen todas las cosas.
Ese espíritu libre
al fin de vidas y almas
y existencias separadas
se acercaba al lugar santo
donde surgieron las cosas.

No recordaba nada,
no era nadie al fin ,
sin conciencia individual
En esa paz abrasiva
y libertad infinita
que no era sueño, ni vela,
ese espíritu sin dueño
encontró que no era yo.
Que era solo tú.

Enrique
Julio de 2010

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