lunes, 27 de enero de 2025

Equilibrio entre derechos, responsabilidades y enseñanza en los menores de edad.

 Equilibrio entre derechos, responsabilidades y enseñanza en los menores de edad.

Psicopedagogía.

Los niños y adolescentes menores de edad necesitan, desde los primeros años de vida, aprender el valor de la obediencia como un medio para garantizar su protección y guía hacia una madurez sana. Esta obediencia, lejos de ser una imposición arbitraria, debe ser cultivada con amor y paciencia por los padres o tutores, quienes tienen la responsabilidad de enseñarles a comprender y respetar normas que promuevan su desarrollo integral. De esta manera, los menores pueden estar protegidos mientras adquieren las habilidades necesarias para enfrentar los retos de la vida con autonomía y responsabilidad.



Los niños requieren, como principio fundamental, el cuidado integral de sus padres o tutores. Este cuidado incluye aspectos esenciales como la alimentación, la protección y el cariño. Aun no se los pueden agenciar por si mismos. Estos elementos no solo son derechos universales garantizados por legislaciones internacionales y nacionales, sino también pilares imprescindibles para el desarrollo integral de sus capacidades físicas, mentales y emocionales.

Al momento de nacer el infante depende completamente de sus cuidadores para satisfacer sus necesidades. Es un proceso progresivo y gradual que culmina con la independencia cuando el individuo ha adquirido las habilidades necesarias para enfrentar y resolver sus necesidades por sí mismo. Esta dependencia inicial subraya la importancia de la guía que los padres y maestros deben proporcionar con sabiduría y responsabilidad. Los peligros de accidentes, daños mentales, drogas y otros peligros sociales pueden derivar de una independencia malograda en etapas donde aún no se está preparado.

Un menor no posee la madurez ni el desarrollo físico y cognitivo necesarios para tomar decisiones autónomas sobre cuestiones cruciales de su vida, como su rutina diaria, su alimentación o sus actividades sociales. Este nivel de discernimiento se adquiere progresivamente y está condicionado por la guía y enseñanza que recibe de sus cuidadores. Por ello, son los padres, quienes conocen y velan por el bienestar del menor, los responsables de orientar este aprendizaje hacia la independencia. Por ejemplo, al llevar al niño a la escuela o a la iglesia, no solo se le proporciona un espacio para su educación académica o espiritual, sino que también se le introduce en un entorno estructurado que fomenta la disciplina y la interacción social.

A medida que el menor demuestra ser capaz de asumir pequeñas responsabilidades, se le otorgan mayores grados de autonomía. Este enfoque gradual asegura que el menor desarrolle una conciencia de sus propios límites y potencialidades. No obstante, para que este proceso sea efectivo, los padres deben establecer límites firmes sin temor. Los límites, lejos de ser restrictivos, son herramientas que proporcionan seguridad al menor y le enseñan a respetar normas y convivir en sociedad.

Ser padre o tutor implica un balance constante entre ofrecer cariño, establecer límites y fomentar la independencia progresiva del menor. Este equilibrio es clave para que los niños y adolescentes crezcan en un ambiente saludable que les permita desarrollar plenamente su potencial. Como psicopedagogos, es nuestra responsabilidad apoyar y guiar a las familias en este proceso, promoviendo un enfoque educativo basado en el respeto, la paciencia y la responsabilidad compartida.

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Saludos del profesor y sicopedagogo Enrique

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