Durante mi juventud, tuve una experiencia profunda de la vida religiosa desde la iglesia y en el seminario terciario capuchino, luego muchos años de búsqueda espiritual, y búsqueda científica. En esta era de la información y la Inteligencia Artificial he pensado muy profundamente en este tema.
En nuestra trayectoria evolutiva, pocas
veces hemos enfrentado un panorama tan enriquecido en cuanto a conocimientos
sobre la vida y el universo. Este caudal informativo posibilita un diálogo
interno de una profundidad sin precedentes. Cuestionamientos que antaño eran
vistos como límites insuperables de nuestro razonamiento, hoy encuentran
respuestas, desvelando misterios y profundizando nuestra comprensión del
cosmos, la materia, la psique humana y los fundamentos de la existencia.
En este contexto, las habilidades del
pensamiento y el cultivo de una riqueza interior adquieren una nueva dimensión.
Nos encontramos en una era donde la sobrecarga informativa es una constante y
donde la inteligencia artificial procesa datos con una eficacia que desafía
nuestra capacidad humana. Frente a este panorama, la meditación emerge como un
bastión esencial para el desarrollo de la consciencia.
La trascendencia, en este escenario, no
solo implica un conocimiento más profundo de nuestra mente, sino también una
síntesis más integradora de la Verdad, accesible ahora más que nunca gracias a
los vastos repositorios de información a nuestro alcance. Esta disponibilidad
de conocimiento libera tiempo para la reflexión y el pensamiento, permitiendo
que, a través de la meditación, el ser humano eleve su consciencia a estados de
mayor plenitud y comprensión.
Así como el arte floreció cuando las
herramientas agrícolas e industriales liberaron tiempo a los trabajadores,
ahora estamos en la cúspide de un desarrollo similar en lo que respecta a los
niveles de consciencia, gracias a la menor necesidad de dedicar tiempo al
procesamiento de información.
No obstante, existe un riesgo latente en
esta era de sobreabundancia informativa: la posibilidad de caer en un estado de
pereza mental y un debilitamiento de la voluntad de explorar y comprender. El
desafío es, por tanto, aprovechar este océano de conocimientos no para
sumergirnos en la complacencia, sino para elevarnos hacia horizontes de
entendimiento y reflexión más elevados.


No hay comentarios:
Publicar un comentario