El regalo más grande.
Es la
fuerza gravitatoria que mantiene el equilibrio de las cosas en mi mundo.
Empuja
estrellas en mis sueños y las hace llegar a mis manos. Con una cuerda de oro
arrastra planetas llenos de paraísos y me los trae a mi patio. Pone a bailar a mí
alrededor las galaxias las tardes felices y remolinos de polvo cósmico que
brilla convirtiendo en días todas las noches de mi vida. Por eso mi alma gira
en su rededor inevitablemente como se
acomodan los planetas en torno al sol. Esa es mi niña, mi hija, mi ángel. Es el
regalo más grande.
Es la
alegría, la dicha, el júbilo. Las
mejores rizas y tardes felices las eh dibujado en su cuaderno de niña. Porque
es mi niña. Aunque de camino a casa, desde los campos ásperos de la jornada haya
piedras filosas y malas intenciones, ella desborona toda maldad y convierte en
pan dulce las piedras del camino. Hace sonreír a los sauces llorones y cosechar
carcajadas de alegría a los vecinos, hace cantar como locos a manadas de
pericos y por las noches alegra la casa con su cara contenta. La sonrisa de mi pequeña, es el regalo más
grande.
Es la
creatividad que diseña mis sueños.
Todas las
cosas que valen la pena en mi mundo, se
han dibujado con sus lápices de colores. Por ella dibujo tardes y jornadas
y profesiones y mi casa. Por ella afino
las cuerdas de mi alma y arreglo el patio, pinto el techo y siembro flores. Por
ella aprendí a contar cuentos inimaginables. Por ella cerca de su cabecera de
niña, muchas historias nacieron de mi boca. Pero ella las sembró con su
vocecita de niña que decía, papa, cuéntame un cuento de mariposas y hormigas.
De pájaros y lunas, de nieve y pingüinos, de ángeles escondidos. Este y cientos de otros poemas no hubieran
nacido sino es por ella, mi niña, mi regalo más grande.
Es la
reina de los libros y del pensamiento.
Miles de
páginas de cientos de libros, enriquecen mi vida, porque ella así lo ha
querido. Y ella lo ha superado con creces. No conozco otro ser, que con sus
años de niña, y con su pelo colocho, haya recorrido el mundo a través de tantas
páginas. Ha recorrido tierras lejanas y tiempos sin fecha. La historia, la aventura,
los sueños y todas las cosas que te puedas imaginar. Por todo el universo y todas las situaciones
sus ojitos negros han puesto su alma y soñado con los más grandes soñadores de
la historia. Ella me ha llevado a soñar como ellos, que todo es posible.
En la biblioteca de mi vida ella es mi regalo más grande.
Ella es
mi niña, la que cumple 15 años de andar como el pájaro de fuego alumbrando y
haciendo brotar las ramitas y la hierba. Pintando de vida y flores el valle y
la montaña. Haciendo brillar el sol y llover el cielo. Ella ya no es más una
niña, pero lo ha logrado todo. Por eso ha cumplido su misión infantil y se
inicia como sacerdotisa, en muchacha, en princesa grande y en dueña de sus
jardines. Hace 15 años que la vi, y de una vez me convertí en su esclavo,
en un hombre con ganas de ser héroe.
Para salvarla de las fieras y de las caras enojadas, de la lluvia, de los
relámpagos y de los monstruos de la noche. He labrado con mis manos ásperas el
suelo duro y arrancado malezas, he espantado los pájaros negros y regados agua
fresca para que sus sueños salten a la vida como plantitas de maíz en la finca
de papa. He querido ser digno de merecer ese, mi mejor regalo, que es mi hija,
la quinceañera.
Yo
quisiera, y le pido al universo, y lo
elijo así, que la trayectoria de su vida, sea más grande que la mía. Que los
ángeles la cuiden, para que su pie no tropiece.
Que la noche le alumbre con luciérnagas y lunas llenas su sendero. Por
las mañanas que su casa sea un espacio de paz y rizas, tortillas calientes y
cartera prospera. Que por las tardes haya muchos amigos sanos, alegres,
inteligentes y llenos de esperanza. Que
al anochecer de cada día haya sosiego en su mundo bonito, que pueda haber
dibujado su día a voluntad y las sorpresas del universo sean tesoros como
perlas preciosas y aplausos de las
amigas. Que por la noche su almohada escuche el eco de mis cuentos de niña, que
sus sueños sean lucidos y pueda ser la héroe de su mundo interior. Que su vida
sea eterna, radiante, y que la vida, que es DIOS, respire en su alma bonita
el aliento jovial. Que siga siendo mi
regalo más grande.

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