¡Libertad, solo quiero libertad!!
Me dije aturdido una tarde mientras corría, casi huyendo de las innumerables actividades de la semana. Las que ya había hecho y las que me faltaba por hacer. Porque tantas responsabilidades a veces me pueden ahogar y no me dan espacio para respirar.
Trotaba y trotaba obligando este lento cuerpo a ir más rápido. A veces el cuerpo es parte de lo que te aprisiona. Y no quería pensar en los compromisos ni en nada de lo que me pasa por la cabeza todo el día. A veces los pensamientos son parte de tu cárcel.
Llegué exhausto al rio, y busque mi piedra favorita para sentarme. Y lo iba a hacer, pero me dije, ¡quédate de pie perezoso!. Y así de pie quería cerrar los ojos para no distraerme con nada, pero no, me dije, ¡mantenlos abiertos perezoso!. Entonces trate de no pensar en nada para estar tranquilo, pero me dije ¡piensa, perezoso! Y así en estado de alerta escuche casi gritar a la rio decir, “la libertad es estar a la expectativa de cada instante como el agua a punto de caer, estar despierto como el agua cantarina de la catarata, en el filo del ahora como el agua de la poza. La libertad es hacer una cosa a la vez como el agua de este río sin gastar energía concentrándose en realidades ficticias que aturden la paz.
¡Libertad no es huir!
Es encontrar tus límites, y conquistarlos. Saltar la maya. Luego, ir más allá hasta encontrar otros, conquistarlos y seguir haciendo más grande tu atmosfera.
Libertad no es huir de ti, es encontrarte.
Libertad no es escapar de tu cuerpo, es gozarlo y vivirlo al máximo.
Libertad no es dejar de pensar, es volar, soñar, conquistar y construir mundos con el pensamiento.
Libertad no es dejar ir el espíritu, es ir con él a todas partes.

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