martes, 25 de mayo de 2010

El origen de los colores.

"este pequeño cuento lo dediquñé a mi hijo que esta por nacer, y fue publicado en el periódico de la provincia de Limòn CR. en abril 2010."
Cuando nacieron los colores.

A una esperanza, que esta por nacer, y le esperamos como se espera un amanecer de colores, lleno de alegría.

Dicen que los colores no existieran, si no fuera por un ave que los invocó con su canto. Eso sucedió en los tiempos que los niños aun jugaban a construir mundos nuevos, cada tarde.
Por las tardes, en aquel mundo de blancos y grises, los ancianos se reunían alrededor de un árbol gigante. Cantaban sus historias inmemoriales de otros tiempos, sueños y universos. Los niños salían sin miedo a los jardines a buscar ángeles en el bosque. El que encontrara más podía elegir que tipo de frutas cosecharían los árboles mágicos al día siguiente. Porque había unos árboles que cada día cosechaban frutas diferentes, según los deseos de los niños.
La forma de saber que había encontrado un ángel era muy fácil; al niño le brillaba la cara y su sonrisa contagiaba a los demás. Corrían; casi volaban entre los arbustos y riachuelos. Por allá sonaban las risotadas de uno, en frente de una hoja de palma que se agitaba al viento donde un ángel se daba a conocer. A otro le brillaba la carita mirando estático cómo el sol lanzaba los últimos rayos del día. Un niño, que casi siempre ganaba, caminaba detrás de una fila de hormiguitas que cargaban hojas; de ves en ves, soltaba sus ricitas, y la carita le brillaba. Los demás le miraban felices y a veces encontraban ángeles mirándole.
Esa tarde, escucharon un sonido extraño por entre las ramas de un árbol, como un lamento. Los niños no sabían que era porque las aves aún no habían aprendido a cantar. Muchas cosas no estaban hechas en esos tiempos. Ellos creían que era un ángel triste que volaba por allí. Todos buscaron alrededor de aquellas ramas hasta que vieron un ave del color del barro, con las alas abatidas, y casi sin aliento. No cantaba; sollozaba. Pero aún en su lamento, el sonido encantó a los niños, y luego de observarle un rato, limpiarle las plumas, y calentarlo con sus manitas, sintieron también un ángel en esa ave. Uno especial y muy grande que venia de otros tiempos.
En tanto, los ancianos habían hecho un ritual alrededor de una pequeña fogata. Habían cantado una plegaria por la Tierra y rogaban al cielo por la eternidad de tanta belleza. Rogaron porque en el futuro, siempre las personas encontraran el encanto natural de cada ser vivo. Luego de sincronizar sus cuerpos, mentes y espíritus, hubo un silencio y escucharon un lamento lejano, como de otros tiempos. Como si hubiesen abierto un portal del futuro en respuesta a su plegaria, y de allá les mandasen una respuesta viva.
Estaban en su trance confundidos, porque un anciano entristeció de repente; cuando llegaron los niños alarmados a interrumpirles. Traían un ave moribunda entre sus manos, una criatura jamás vista por ellos en esos tiempos.
El más anciano, que estaba sollozando por primera ves en la vida, miró al ave, y la reconoció de inmediato. En su reciente sueño. Hacia uno momentos, la había visto, muchos años en el futuro. Estaba en un tronco grande y seco, rodeado de una gran desolación, y de una atmósfera densa de malos aires. El ave cantaba desesperadamente como invocando al cielo, por tanta desolación, por tanto aire, y agua impura. Cantaba sus lamentos porque el hombre creador, ya no buscaba los ángeles en las cosas, y ya no apreciaba la belleza natural. Las personas paseaban por allí fríamente y no se les iluminaba la cara cuando observaban las plantas, los ríos ni el sol ni cada atardecer. Como si no encontraran el reflejo de su corazón en las cosas que le rodeaban, y la vida que les rodeaba no estuviera allí. El ave se lamentaba porque no había un sentido, todo era gris, y no había belleza digna de ser contemplada. El plumaje de esta misteriosa ave, al intentar levantar sus alas débilmente, se confundía con el aire que le rodeaba, igual de gris que el paisaje y la conciencia de los hombres de ese entonces. La belleza, se estaba disipando de sus corazones y no había nada en el entorno que les despertara de nuevo esa sensación.
Así, comprendieron que esta extraña criatura venía de un futuro posible, y que respondía a sus plegarias, y a los niños que buscaban un ángel especial.
Esa noche, todos en el lugar, soñaron con esa ave. Los niños, mujeres, jóvenes y ancianos. Y en su sueño se reunieron de nuevo, en un lugar sin tiempo ni espacio que limitara sus deseos. Y todos desearon que el ave misteriosa volara, y cantara alegre. Desearon en esa tierra de los sueños, que la vida les regalara un don especial, para que ese futuro lejano fuera diferente, y las personas siempre tuviesen belleza alrededor que despertase el encanto de la vida.
Hicieron una ronda, bajo los árboles mágicos, y el ave estaba en el centro de todos. Conforme cantaban y danzaban, los árboles emanaban poco a poco rayos de luz, que eran absorbidos por aquella ave, que cada ves cantaba mas fuerte con ellos. Tomados de la mano y cantando con un gozo infinito, danzando con energía alegre, miraban como los rayos de luz, tomaban un tono diferente. Los grises explotaban en hileras de colores y se arremolinan en torno al ave del futuro. En la conciencia de estos soñadores, se despertó por primera vez los colores. Las plumas del ave, y su alegre canto, abrió caminos en las mentes de todos y la energía de las cosas mostró una nueva dimensión, como regalo a la humanidad. El ave alzó vuelo por entre ellos, y cuando aleteaba, de sus alas y de su canto salían vibraciones que contagiaban de color todos los seres del bosque.
Hubo una gran riza, una gran iluminación en los rostros de todas las personas presentes, como cuando veían Ángeles, porque no era otra cosa. En ese sueño compartido, todos eran concientes que cada despertar en adelante sería diferente, habrían colores, y cantos de aves diferentes en el cielo.
Despertaron felices, cantando y riéndose. Alrededor de las chozas, surgía un nuevo mundo, con los mismos ríos, los mismos árboles y el mismo aire. Pero ya nada sería igual, porque ahora una energía diferente se dejaba apreciar entre las cosas, EL COLOR.
Se escuchaba un cantar entre los árboles mágicos, era un ave del color de la tierra, y cantaba tan hermoso, que los niños al escucharlo, se les iluminaba el rostro, y los ancianos, sonreían y veían un futuro lleno de esperanza. Todos observaron que con los colores, nació la esperanza de la belleza infinita, y que por siempre, los seres humanos podrían fácilmente, ver la vida y los ángeles dentro de cada cosa. Para que ese futuro gris, nunca fuera posible.
Los árboles cosecharon en adelante, flores de colores, y frutas diferentes cada uno. Para alimentar las aves, para embellecer las conciencias de quien les mirase con ojos de niño. Porque los colores son la señal de que la vida se ilumina, canta y brota de cada criatura. Y los deseos de las personas son una realidad, siempre que logren mirar la belleza, y sientan la presencia de los ángeles en las criaturas.

Enrique Segura

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