domingo, 2 de septiembre de 2018

El Toque de la Ciencia 2



El toque de la ciencia.
El toque de la ciencia, es una actitud, de valentía y encanto, que una ocasión hace mucho tiempo, impulso a un atrevido a tomar una rama con fuego.  La historia tomo un camino diferente. En torno al fuego, protegidos del frío y las bestias, los abuelos enseñaron a sus hijos su experiencia cantando.

Hoy continúa el toque de la ciencia, cuando con la actitud de encanto, se asoma el atrevido al borde mismo del universo, sin miedo a lo desconocido, más bien con asombro. Atrevido y meticuloso, cual un gusanito que envuelve su cuerpo con su propia seda para trascender el sueño y romper el vuelo convertido en un ser evolucionado. Cambiando a cada paso su historia, protegiendo a los suyos de la peste la ignorancia y el hambre.  Tocando violines, cantando y colgando en una nube su canto para que sus hijos construyan aun un cielo más grande.
No hay nada absoluto, por eso no se sofoca ni aferra, no hay límites, por eso no se aminora.  Cuando la ciencia te toca, cual alma de niño preguntas, y el gran universo responde; ¡Solo mira, toca, compara y da nombre a las partes! No para separarlas, más bien ordenarlas en un campo muy grande llamado consciencia.  Con ciencia.  Preguntas de nuevo y escuchas, y luego te asomas y todo ha cambiado. Entonces levantas tus miras, ajustas las lentes, observas, afuera el espacio y adentro sus causas despacio contestan.
¡Tan solo permite, que a cada pregunta, la ciencia te toque y te deje sin miedo, tal vez en silencio, al cielo asomar!
2 de setiembre 2018.   
Profesor Enrique Segura.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Me gusta la gente que...




Me encanta aquel que ríe sin razones, solo porque se desborda la alegría del alma en cualquier momento. Quien es un recipiente de experiencias gratas. Porque así es la vida, una cosecha de sensaciones dichosas desde el nacimiento hasta la expansión de su alma.

Me encanta la gente que lleva buenas noticias, o de otra forma, silencio. Porque no hay adentro de su corazón veneno, ni criticas ni burla, solamente palabras de crecimiento. Pinta belleza en sus frases y abre la boca más para sonreír que para hablar.  Sabe que los noticieros son el mercado del terror. Me encanta esa persona que multiplicando el bien con sus palabras, construye realidades felices.

Me encanta la gente que no tiene que perdonar. Porque comprende que el perdón no es más que un recurso inventado para justificar la culpa y el poder de uno sobre otro. Quien sabe que Dios no perdona, porque no se ofende.  Porque la vida no tiene culpas, solo es una oportunidad de crecer, desde una semilla infinitesimal hasta convertirse en estrella, galaxia y más allá en todos los versos del cosmos.  El perdón existe solo si existe culpa, si existe ofensa, pero para una alma luminosa, esas cosas no tienen lugar.

Me encanta la gente que cuando ama, no ama a nadie en particular. Porque no es un chorrito de amor si no un océano. Sabe que amar a alguien es como dar limosna. Y cuando le dice amar, de esa manera solo tiene un capricho de los deseos. Porque sabe que el amor es la experiencia sensorial de la unidad total. Y cuando ama, se desborda de su piel y no se limita ni cela ni espera ni sufre; porque se ha convertido en amor.  Como el río se ha convertido sin miedo en mar.

Me encanta aquel que puede pasar horas contemplando la belleza en cualquier cosa. Siente el aire de la tarde acariciarle y sin palabras le agradece. Se extasía en una hormiga, en un libro, en un árbol que le muestra su crecimiento interno o en el cielo que le muestra su infinitud. Se arrebata de dicha escuchando las chicharras o por la simple noche oscura que le refleja su propio abismo interior de donde surgen todas las cosas. Porque la vida eterna  es el encuentro de lo creado con el creador, y esa experiencia es la sola contemplación de la propia luz.

Me encanta quien al buscar a Dios se olvida de todo, hasta de lo que buscaba. Porque se encontró frente a él, supo que no había nada allí. Solo un gran silencio, un  gran espejo, el potencial de todos los mares, las partículas y estrellas emanando de una posa, y esa posa es un abismo que solo se puede mirar hacia dentro. Porque la vida es esto, una gran explosión de energía que emerge de la sola intención. La intención se ser, que se hace gusano, árbol, águila y persona, por la sola voluntad de contemplarse a sí mismo.

Me encanta la gente que no teme a nada. Ni a morir, ni a Dios, ni a sí mismo. Porque sabe que la vida es un río infinito, que Dios es un océano de vida, y que si mismo es un rio inseparable de ese Océano. Sabe que la vida es Luz, que Dios es la única fuente de esa luz y que si mismo es un rayo que se refleja a si mismo como una estrella en el pozo. Sin temor a ninguna fuerza externa porque en la unidad, no existe tal cosa. Sin temor al  dolor, porque las experiencias sensoriales de la vida son solo una transformación como la gota en nube la llama en luz.    

Me encanta la gente que mientras se levanta y se acuesta, se rompe a sí mismo para crecer como una semilla.  Renuncia a sus cascaras viejas de pereza y exige sudor en la piel tensando los músculos hasta forjar su cuerpo. Que se desnuda despojándose de sus vergüenzas ampliando sus  capacidades de comunicarse y multiplicarse entre sus hermanos. La gente que sabe que la vida es la búsqueda constante del próximo limite.
Me gusta la gente que mientras duerme y come, comprende que si mismo es lo que piensas y lo que te piensan y lo que esa llama alumbra en el recuerdo de todos.  Entiende que la inmortalidad es también multiplicarse en las otras consciencias.

Me gusta la gente que mientras viaja y besa, se encuentra en el otro.  La gente buena que sin proponérselo ya, logra despertar su gozo en el sentir del otro. Dando, escuchando, estimulando, rezando, acariciando.  Porque sabe casi sin saberlo que la vida es un universo de luz, y que lo que llamamos es sí mismo en otra piel, en otro espacio y tiempo aprendiendo otras lecciones. Pero que solo hay uno, y que la belleza de la vida es la diversidad, de colores, formas, caras, relieves, temperaturas y  deseos. Me encanta encontrarme en el otro sabiendo que somos uno.
 Enrique 30  noviembre 2017




jueves, 21 de septiembre de 2017

Dios jugaba al amor



En la segundera de un reloj
Estaba  meciéndose Dios
Había detenido el tiempo
Para jugar al amor

En una gota brillante
De roció sobre una hoja
Se miró dios al espejo
Y encontrándose a sí mismo
Inventábase   la luz
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En un rayito de luz
Se deslizo hasta la posa
La luz alumbraba el agua
Que el celeste reflejaba
La posa se hizo rio
Y el rio en un gran océano
Donde Dios nadaba en  amor

Dibujo de luz celeste
Y rayitas de color
La forma del arcoíris
Garabateó las montañas
Y el contorno  de los ríos
Con su pincel invisible
Bocetos del paraíso
Y con sus dedos manchados
Con verde pinto los bosques
naranja la primavera
y de amarillo el verano

Tomó un puñado de lodo
 sonriendo moldeó muñeco
colgó una estrella en su pecho
Y mirándole a sus ojos
Miro su propia mirada

 jugando hacer el amor.

lunes, 29 de mayo de 2017

Flores y promesas

Flores y promesas en bicicleta.

El parque estaba invadido de chiquillos y palomas que se confundían entre aleteos y carcajadas. En una esquina una muchacha vestida con telas abundantes igual que las heliconias colgantes junto a la quebrada;  tocaba una flauta de bambú. La música y el perfume de la gente al pasar penetran el presente hasta lo más profundo de la piel.  Los vientos de un dieciocho de diciembre prometen ser frescos las tardes, cálidos en las mañanas y muy fríos de madrugada. En el parque se arremolinan con el viento fresco algunas hojas de almendro y hacen un ligero garrapateo haciendo  cosquillas a los adoquines.
Ella se estaba sentando tímidamente en una centenaria banca de madera.  Las olas del tiempo le revolcaron el cabello y su memoria  pudo percibir el perfume de una canasta de flores que un joven le había regalado ochenta años antes.  
La promesa de un verano arcaico le traía allí cada tarde desde hacía varias semanas.  Los olores y texturas de la tarde por inercia le retornan a ese parque,  eso que huelen a tierra mojada y a melcochas, a caricia en el pelo y a beso tierno. Una melancolía de violines y palomas le trae serenata todas las tardes en esa banca de madera.
Una campanita de bicicleta se escucha venir en alguna parte. Su corazón empieza a latir como los tambores lejanos de una comparsa. El tintineo parece dar vuelta frente a la iglesia, y acercarse con resolución. Los niños y las palomas abren paso  y la muchacha de la flauta hace dormir su nota hasta traspasar las los adoquines del piso hasta el centro de la tierra y arriba abre las nubes dejando clarear el cielo por encima de la dulce anciana que está sentada en la banca de madera.
Un simpático centenario de blancos cabellos y sonrisa de sol,  detiene su bicicleta, trae una canasta llena de rosas rojas,  violetas, y blancos jazmines.  Ceremoniosamente los coloca frente a su diosa, la dama luminosa de blancos cabellos y alma grande. Reposan. El  sentado con los pies cruzados en el suelo como un clavel más entre el puñado de flores tirados. Ella le mira como hacia muchos años. Sus corazones como viejos tambores se alejan por el camino que lleva a la quebrada detrás de los jardines de la iglesia. Sus almas hacen uan escalera sobre los almendros, se van de la mano deslizándose entre los rayos de sol que la música dejo entrar entre las nubes blancas.

Una manada de garzas blancas se alejó hacia las montañas. 

viernes, 28 de abril de 2017

Ser tu...


Ser tu…

Quiero ser tu padre para cuidarte y llenar tu mesa de frutas, galletas y chocolates; contarte historias inventadas después de apagar la luz, para alivianar la ruta de tus sueños de niña.
Llevarte a conocer los parques y disfrutar un helado tomado a mi brazo fuerte con tus manitas de princesa.  Que seas la envidia de las otras chiquillas que nadie las mece en el sube y baja. Que puedas ver tu futuro claro y próspero según mis promesas de hombre.
Quiero darte todo los caprichos que  deseaste y escribiste en aquel cuadernito rosado.
Llevarte a las escuelas de la vida y verte aprender todas las lecciones que quieras. Dibujar con una tiza la ruta a casa y por la noche el camino a las estrellas. Esas estrellas que te enseñaré a llamar por su nombre mientras te peino con mis dedos.
Enseñarte los campos, decirte los nombres de los árboles y silbar para ti el canto de los pájaros para que recuerdes nuestras tardes cada vez que los escuches en tu larga vida.
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Como deseo ser tu hijo para sentir que mi país seguro son tus faldas.  Para dormirme en tu pecho sintiendo la fertilidad de tu cuerpo tibio nutriendo mi mundo de aventuras al dormir. Quiero que me lleves de la mano a la iglesia, mostrándome el camino al cielo entre santos y cortinas blancas. Tomar de tu pecho la uva y el cántaro de miel. Llorar por tu rincón, hacer regueros de juguetes en tu sala, solo para escuchar tu vos dulce diciéndome, lo que tú quieras; para enderezar mi destino y ordenar las piezas de mi rompecabezas. Para quererte sin saber ni porque, solo porque es un amor inevitable y superior a cualquier amor mundano.
Que me mires a los ojos y sin palabras ser sumiso a la fuerza imparable de tu alma materna.
Saber que siempre me esperas, y que tu cariño de osa madre rompería el bosque entero para hacer el camino hacia mí.
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Quiero ser tu madre para darte luz de una nueva vida llena, henchida de gozo y libertad. Verte renacer así, tierna y nueva con cuadernos grandes en blanco para que escribas la historia que  quieras con tarros llenos de lapicitos que te pondría en la mesita de tareas.

Colocar generosamente la merienda en tu mochila, rezar un padrenuestro y poner velas a los santos para que todo te salga bien. Coronar tus logros con fiesta y abrazos olorosos a vainilla y  flores.  Llenar tu vida de magia desde la cocina hasta el patio de en frente, hacer un laberinto de flores en el jardín donde juegas casita como una reina.
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Tu hermano, tu cómplice; compañero de travesuras con las golosinas de la alacena y las monedas de la alcancía. Pelear por la tele y no dejarte ver  tu serie favorita solo por fastidiar, y que luego comamos palomitas del mismo tazón. Traerte un vaso de agua que pediste ya que yo andaba en la cocina y ver que igual lo dejaste lleno cerca de la pata del sillón.
Si fuera tu hermano conocería tu idioma, y el que hablan tus amigas en los pasillos.  Entendería tu música y recovecos de la adolescencia inquieta. Saldríamos con unas monedas a conocer la ciudad y perdernos juntos un largo rato hablando con extraños de pelo desarreglado.  Guardar tus diarios en mi cajón de madera y darte una llave; y perder la tarde de domingo pasando canales juntos en el sillón marrón.
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Cuanto anhelo ser tu novio, el tímido y el atrevido. El que solo se atreve a dejarte un papelito con una amiga, y el que te arrebata detrás de la amapola y toca debajo de tu falda sin permiso. El que te lleva flores a la casa de tus padres,  que habla de la familia con tu madre y de maderas con tu padre, y que al marcharse dicen, “es un buen chico”.  El que se escapa contigo del cole, y te hace sacar roja en mate, te mancha tu blusa blanca y la tapia frente a tu casa con dos iniciales dentro de un corazón al spray.

El que te escribe poemas cada noche, y en la mañana no sabe cómo dártelos.   El novio que nadie sabe, y una ves entro por la ventana de atrás y paso una tarde entera contigo mientras nadie estaba en la casa. El que te hace descubrir que ya no eres niña, ni santa, ni mala ni tonta. El que se agarró a puñetazos  con un amigo,  y te dijo que fue un golpe con la bici. El novio que piensa un futuro contigo con una casa y chiquillos, y el que solo le importa el ahora, tus besos y travesuras.
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Quiero ser tú. No como el río que era yo, sino el océano que eres tú. Cuando al decir ese  tu nombre  sentir que solo soy yo. Que no haya límites entre tu piel y la mía ni tu historia y la mía. Sin ningún yo, uno solo; solo tú.  Como esos rayos de existencia que alumbran entre las rendijas de los árboles, saber que somos el sol, la luz y la vida.  Quiero disolver las distancias que el tiempo se afanó por estirar desde que nacieron las almas de una sola estrella.

Saber que en la cama no hay más que una piel con dos corazones y  que envuelven una sola alma grande.  Para entender mis enredos, las culebras que salían en las pesadillas de la infancia y que papa amansó  con sus cuentos. Quiero ser tú para que sientas el verdadero amor, el que no tiene límites porque no hay expectativas ni distancias, el amor que solo se experimenta en la unidad. El amor que se siente igual frente al altar, debajo de las sabanas, en el pollito del parque frente a un ángel en el sueño o en la soledad y el silencio que dejan escuchar el dialogo de las piedras y el río que eres tu.

Enrique

miércoles, 8 de marzo de 2017

La Diosa Mujer




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La diosa Mujer.

La diosa  matriarca,  la Eva del paraíso.
En el altar de la tierra, el jardín del Edén.
La Gaia la madre y el seno de una creación.
Un vientre que nutre  y engendra la vida.
La Diosa Mujer.
Nació la belleza  la flor femenina en colores de luz.
la tarde naranja que juega con rayos de sol
son cintas del arcoíris y capas rojizas de un gran cañón.
Así los corales del fondo marino.
Las  plumas plateadas
y el borde bordes del cielo.
Auroras boreales  los labios rosados
de una mujer.

Las olas que juegan
danzando a la luna,
La luna de blanco,
que alumbra la noche
invocando  el amor.
Las aguas que chocan rompiedoa la roca
Calienta volcanes, congela glaciares
La dama de blanco, la diosa mujer.

Inviernos helados, mirando sus ojos
Otoños sin hojas que guardan la vida
Veranos calientes, que esparcen semillas.
Es la primavera, así una mujer.

Corre Dante en sus cielos e infiernos buscando a Beatriz,
Romeo  agoniza por una Julieta sin pena ni miedo.
Remedios la bella, deleita  a Macondo en medio misterio.
Dulcinea la  soñada del loco quijote.
la bella  Jimena del Cid Campeador.

La Isis fecunda que trajo la vida
Igual Pachamama la inca mamá.
La bella, la aurora, la reina y mujer.
Pasiones y sexo de una Afrodita
Es bella es la madre, la diosa inmortal.
La virgen la madre un Nazareno
la humilde mujer

Poetas, pintores, cantantes y locos
La adoran, la quieren y mueren por ella
Guerreros , señores,  vaqueros y  magos
Ayunan, imploran, construyen imperios
Reliquias, conjuros, batallas ganadas
la vida y la muerte
Por una mujer.

Enrique Segura  2017 Día de la Mujer.


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